lunes, 19 de julio de 2010

AMÉRICA, la empresa de colonización hispana


Leamos el siguiente texto

La obra de los conquistadores es una auténtica epopeya. En número insignificante supieron, a fuerza de audacia y arrojo, conquistar y someter grandes imperios como el de los mexicanos y el de los incas. América virgen les brindaba no sólo una realidad inmediata de territorios feraces e inmensos, sino el fruto lógico de su grandiosidad y misterio: el mito de las realidades prodigiosas, de seres y ciudades fabulosos, de oro, felicidad y riquezas sin fin.
Por los difíciles caminos que les señalaba la leyenda y en pos de la natural ambición, marcharon durante tres siglos aquellas expediciones, que si no encontraron jamás las maravillosas tierras prometidas, descubrieron en cambio la fisonomía y la riqueza real de un continente. Su obra acaso lleve la marca de la dureza propia de todas las conquistas de tipo militar; sin embargo, no puede pasarse por alto que son precisamente México y Perú, países del continente en que se hizo sentir más intensamente la acción de España, en donde el elemento indígena tiene hoy mayor porcentaje en la población y donde participa más en la vida general -económica, cultural y política- moderna. Desde los primeros momentos llegaron con los conquistadores, o a la zaga de éstos, misioneros de varias órdenes, anhelantes de propagar su credo entre los pueblos recién descubiertos. Por educación y convicción propia se convirtieron en defensores de los indios y chocaron frecuentemente con las autoridades militares. Ya en mayo de 1524 pedía Cortés al emperador Carlos V que el clero quedase sometido al poder civil. Hubo conflictos, acusaciones y hostilidades mutuas. Un fray, Toribio de Motolinía, por ejemplo, protege en su convento a los caciques de Huetjotzingo contra los encomenderos; y sacerdotes de gran cultura, de celo religioso y de sentido humanitario, como fray Bartolomé de las Casas, no escatimaron las críticas contra los procedimientos de dureza empleados en daño de la población nativa. La leyenda negra ulterior, sobre la conquista y la colonización españolas, tuvo su base en las denuncias apasionadas de los misioneros, a cuyas inspiraciones se deben las famosas Leyes de Indias. Abusos de poder, excesos de autoridades locales y de encomenderos, hazañas propias del fanatismo de la época, han podido producirse naturalmente; como se produjeron, en no menor escala, en el último tercio del siglo XIX en la colonización africana. Sobre los horrores de esta colonización, casi en nuestros tiempos, se han escrito bibliotecas enteras. De ahí la exactitud de la afirmación de Rafael Altamira cuando sostiene que "la conquista y la colonización españolas son las que -con todos los defectos inherentes a esas empresas no sólo en los siglos XV y XVI, sino en nuestro siglo XX- más alto han mantenido el derecho de los pueblos inferiores y más servicios han prestado a la obra universal de la ciencia y de la civilización" (La huella de España en América, pág.70), criterio que comparten el americano Carlos Pereira y cuantos han estudiado de cerca este asunto.
(En Sapiens, Diccionario Enciclopédico ilustrado de la Lengua Castellana, Bs. As. Sopena, 1981, Tomo I, pp. 173).

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